Biotensegridad
Biotensegridad: el arte invisible que sostiene el cuerpo
Nuestro cuerpo no es una estructura rígida hecha de partes separadas. Es una unidad dinámica, interconectada, donde cada tensión se reparte con inteligencia y equilibrio. A esta forma viva de organización la ciencia la llama biotensegridad.
¿Qué es la biotensegridad?
El término proviene de dos conceptos:
- “Bio”: vida
- “Tensegridad”: contracción de “tensión” e “integridad”
La biotensegridad es un modelo de construcción que muestra cómo una estructura puede sostenerse a través de la distribución armónica de tensiones internas, sin necesidad de apoyos rígidos.
En lugar de pensar que los huesos son columnas que soportan el cuerpo como una torre, la biotensegridad nos invita a imaginar que los huesos flotan dentro de una red de tejidos blandos (fascia, músculos, tendones, ligamentos) que tensan y equilibran el sistema en todas direcciones.
Un cuerpo suspendido en armonía
Thomas Myers, uno de los grandes investigadores de la fascia, lo explica con modelos hechos de varillas y bandas elásticas: ninguna pieza toca a la otra, pero todas se sostienen gracias a la tensión continua y la compresión discontinua.
Así funciona nuestro cuerpo:
- Los huesos no se apoyan unos sobre otros. Se mantienen suspendidos gracias a la tracción de los tejidos.
- El movimiento en una zona afecta a todo el sistema. Una tensión en el pie se puede manifestar en el cuello.
- No hay partes aisladas, todo está interrelacionado por la fascia y el sistema de tensiones internas.
La fascia: red viva de tensegridad
La fascia es la gran protagonista de este modelo. Es la que envuelve, conecta y transmite tensiones a través del cuerpo, permitiendo que la biotensegridad se manifieste.
Gracias a su estructura adaptable, la fascia:
- Absorbe impactos sin romperse
- Se adapta a posturas y movimientos
- Redistribuye cargas
- Compensa desequilibrios
Es como una red viva, flexible e inteligente, que sostiene el cuerpo no por rigidez, sino por organización interna.
Biotensegridad y salud
Cuando las tensiones están bien distribuidas, el cuerpo se mueve con fluidez, sin dolor ni esfuerzo innecesario. Pero cuando hay un exceso de tensión, un trauma, una rigidez emocional, la red se desorganiza. Algunas zonas se sobrecargan y otras quedan sin sostén.
Ahí aparecen:
- Dolor crónico
- Lesiones repetidas
- Fatiga postural
- Desconexión corporal
Restaurar la biotensegridad no es solo cuestión de estirar músculos o corregir posturas. Es devolverle al cuerpo su arquitectura original, su armonía interna.
Aplicaciones terapéuticas y energéticas
La biotensegridad es la base que sustenta muchas terapias manuales y energéticas:
- En la terapia cráneo-sacral, se siente el ritmo sutil de esta red y se acompaña sin imponer.
- En el trabajo con fascias, se liberan restricciones para que la tensión vuelva a repartirse de forma armónica.
- En el reiki o la sanación energética, la intención llega a la red viva que sostiene el cuerpo, permitiendo reorganizar no solo lo físico, sino también lo emocional y sutil.
La sabiduría del cuerpo en movimiento
Comprender la biotensegridad nos ayuda a ver que el cuerpo no necesita ser arreglado, solo escuchado, liberado y acompañado. Es una estructura viva que se sostiene en el equilibrio entre tensión y libertad.
Como una tienda de campaña bien tensada, tu cuerpo no se sostiene por fuerza, sino por conexión.
Y cuando esa conexión se restablece, el cuerpo respira, se alinea y recuerda quién es.

Meditación
Meditación: La sabiduría del cuerpo en movimiento
Siéntate o recuéstate en una postura cómoda. Cierra los ojos suavemente.
Lleva tu atención a la respiración.
Siente cómo entra el aire… y cómo sale.
Sin modificar nada. Solo sintiendo.
Ahora, lleva la atención a tu cuerpo.
Imagina que no está hecho de piezas rígidas, como una estructura de hierro.
Siente que es una red viva, suave, flexible.
Una arquitectura en equilibrio.
Percibe cómo todo está conectado:
Tu cuello con tus pies.
Tus manos con tu espalda.
Tu cráneo con tu pelvis.
No hay partes separadas.
Todo se comunica. Todo se escucha.
Lleva ahora la atención a un punto donde suelas sentir tensión…
Quizás el cuello, los hombros, la cadera…
No intentes cambiar nada. Solo siente.
Escucha. Respira dentro de esa zona.
Imagina que esa tensión no es un error, sino una señal.
Un nudo de energía que busca ser reconocido.
No necesita ser arreglado. Solo acompañado.
Inhala profundo…
Y al exhalar, suelta…
Imagina que esa zona empieza a ceder…
Como si la red de tu cuerpo se reorganizara desde dentro.
Siente que cada respiración suaviza, libera, recoloca.
Como una carpa que se ajusta con suaves movimientos de sus cuerdas.
Nada forzado. Solo conexión.
Ahora imagina que todo tu cuerpo es como una red de luz.
Una red de tensiones armónicas.
Al inspirar, se expande.
Al exhalar, se recoloca.
Tu cuerpo recuerda quién es.
Una estructura viva.
Un organismo que no necesita ser controlado.
Solo escuchado, liberado… y amado.
Quédate unos instantes sintiendo este estado.
Sutil. Orgánico. Profundo.
Y cuando lo sientas…
Empieza a mover suavemente los dedos, los pies, el cuello…
Y abre los ojos, llevando contigo esta sabiduría corporal.