El terapeuta
Capítulo 13: El papel del terapeuta y la ética de la presencia
El Papel del Terapeuta y la Ética de la Presencia
Sanar no es hacer, es sostener
En la terapia craneosacral, el terapeuta no actúa como un “reparador de cuerpos” ni como un portador de soluciones externas. No es quien cura. Es quien acompaña. Su verdadera tarea es sostener un espacio seguro, respetuoso y silencioso, donde el cuerpo del paciente pueda entrar en contacto con su capacidad innata de autorregulación.
1. El terapeuta como espacio de acogida
La curación ocurre cuando el cuerpo se siente escuchado sin ser juzgado. Para ello, el terapeuta necesita cultivar una actitud interior muy clara:
- Presencia estable: estar completamente disponible, sin distracciones ni expectativas.
- Neutralidad compasiva: no interpretar, no querer cambiar nada, no imponer un resultado.
- Respeto profundo: reconocer que el cuerpo del otro sabe más que uno mismo.
Este tipo de presencia no se enseña en los libros. Se entrena con la práctica, el silencio interior y la humildad.
2. Ética de la no intervención
El cuerpo tiene su propio ritmo, su propia lógica y su propio tiempo. Por eso, la ética de la terapia craneosacral se basa en el no-hacer activo:
- No se fuerza ningún movimiento.
- No se dirige el proceso desde fuera.
- No se interpreta lo que el cuerpo aún no está listo para revelar.
El terapeuta ofrece un espacio vacío y limpio de juicio, donde el paciente puede dejar de protegerse… y comenzar a escuchar lo que su cuerpo ya sabe.
3. Acompañar el proceso sin apropiarse de él
A veces el terapeuta presencia una transformación profunda: una liberación física, una descarga emocional, un despertar interior. Pero esa transformación no le pertenece. Viene del paciente. El terapeuta simplemente estuvo allí, presente y disponible, cuando el cuerpo encontró su camino de regreso a la salud.
Esta ética implica:
- No buscar reconocimiento por el resultado.
- No generar dependencia en el paciente.
- No proyectar soluciones ni consejos innecesarios.
La verdadera sanación ocurre desde adentro, cuando el sistema se siente lo suficientemente seguro como para reordenarse.
4. El terapeuta como campo resonante
La calidad de presencia del terapeuta crea un campo energético, emocional y corporal donde el sistema del paciente puede relajarse, soltar, abrirse. No es un proceso mecánico: es un proceso humano, sensible y muchas veces sagrado.
Por eso, el terapeuta debe cuidar:
- Su estado físico (descanso, alimentación, regulación)
- Su estado emocional (claridad, límites, autenticidad)
- Su estado espiritual (propósito, conexión, silencio)
El trabajo terapéutico es un espejo: cuanto más profunda sea la presencia del terapeuta, más profundo será el acceso del paciente a su propia salud.
“El terapeuta no transforma al otro. Sostiene el espacio para que el otro se transforme.”
— Inspirado en la práctica craneosacral