Historia del cuerpo
Capítulo 10: Principios diagnósticos
Principios Diagnósticos en Terapia Craneosacral
Escuchar la historia del cuerpo, más allá de los síntomas
En la terapia craneosacral, el diagnóstico no se basa en etiquetas ni en categorías clínicas cerradas. Se trata más bien de una forma de lectura profunda, intuitiva y corporal. El terapeuta no “busca lo que está mal”, sino que escucha lo que necesita ser liberado: las zonas del cuerpo que han perdido su movimiento, su expresión o su coherencia.
1. El cuerpo guarda la historia del ser
Cada experiencia vivida —física, emocional, energética— deja una huella en los tejidos. El cuerpo recuerda:
- Golpes, accidentes, posturas sostenidas
- Emociones no procesadas
- Conflictos no resueltos
- Heridas prenatales o del nacimiento
Estas memorias no siempre se expresan con dolor. A veces se manifiestan como rigidez, asimetría, inercia o falta de respuesta. El terapeuta las percibe no desde la mente, sino desde la escucha del ritmo vital.
2. Lo que se observa en la escucha diagnóstica
Durante una sesión, el terapeuta evalúa sutilmente:
- Restricciones de movilidad: zonas donde el tejido no se mueve con el impulso craneosacro
- Compresiones: áreas densas o retraídas, con sensación de encogimiento
- Inercia: lugares donde no hay respuesta ni pulso vital
- Desincronía: regiones del cuerpo que no respiran al ritmo del resto
- Asimetrías: diferencias palpables en forma, tono o expresión entre un lado y otro
Estas señales no se interpretan como “patologías”, sino como mensajes del sistema. Cada una es una invitación a escuchar, a acompañar, a facilitar un cambio desde adentro.
3. El terapeuta como lector sensible del campo
Más allá del cuerpo físico, el terapeuta también puede percibir:
- Cambios de temperatura o densidad energética
- Imágenes simbólicas que surgen en la conciencia
- Emociones flotantes o zonas de silencio emocional
- Estados del campo corporal global: dispersión, colapso, rigidez, expansión
Estas percepciones requieren presencia, entrenamiento y humildad. No se trata de interpretar, sino de dejarse guiar por la inteligencia del cuerpo.
4. Diagnóstico como relación, no como juicio
El diagnóstico en terapia craneosacral es una experiencia relacional. Ocurre en la intersección entre el terapeuta y el paciente, en el campo compartido de conciencia y tacto. No se trata de definir un problema, sino de encontrar una vía hacia la reorganización.
Por eso, el diagnóstico no está separado del tratamiento. Es parte del mismo proceso de presencia, escucha y acompañamiento.
“El cuerpo no pide ser analizado. Pide ser comprendido. Pide que alguien lo escuche donde nadie lo ha escuchado antes.”
— Inspirado en la práctica craneosacral