Líquido cefalorraquídeo
Capítulo 7: Vascularización del cráneo y LCR
Vascularización del Cráneo y Dinámica del Líquido Cefalorraquídeo (LCR)
La circulación invisible que nutre, protege y comunica
Dentro del enfoque craneosacral, la circulación de los líquidos —tanto sanguíneos como cefalorraquídeos— constituye una vía de diagnóstico y de sanación esencial. Comprender cómo se irriga el cráneo y cómo fluye el LCR permite al terapeuta acompañar los procesos naturales de regulación, limpieza y equilibrio del sistema nervioso central.
1. Irrigación arterial del cráneo
El cráneo recibe sangre principalmente de dos grandes sistemas:
- Arterias carótidas internas
- Arterias vertebrales
Ambas confluyen en la base del cerebro para formar el polígono de Willis, una estructura arterial que permite una circulación compensatoria en caso de bloqueo parcial en alguna rama.
Desde este polígono, se ramifican las arterias cerebrales anterior, media y posterior, que irrigarán las distintas zonas del encéfalo.
Este flujo sanguíneo no solo lleva oxígeno y nutrientes: lleva también información, ritmo y vitalidad.
2. Drenaje venoso: los senos durales
El retorno de la sangre desde el encéfalo se realiza a través de los senos venosos durales, estructuras contenidas en la duramadre, entre las capas meníngeas.
Los principales son:
- Seno sagital superior
- Seno recto
- Seno transverso
- Senos cavernosos y petrosos
Estos senos no tienen válvulas, y su drenaje depende de la movilidad de las membranas craneales, del ritmo craneosacro y de la presión intracraneal.
Además, se comunican con:
- Venas emisarias (que conectan con la superficie del cráneo)
- Plexos venosos vertebrales (que conectan con la columna)
Por eso, cualquier restricción ósea o fascial puede obstaculizar el drenaje venoso y generar síntomas como cefaleas, presión intracraneal, confusión mental o fatiga.
3. El líquido cefalorraquídeo (LCR): un mar interior
El LCR es un fluido claro, producido por los plexos coroideos dentro de los ventrículos cerebrales. Circula por:
- Los cuatro ventrículos
- Las cisternas subaracnoideas
- El espacio subaracnoideo que rodea el encéfalo y la médula
Luego se reabsorbe en las vellosidades aracnoideas, entrando de nuevo en el sistema venoso.
Funciones del LCR:
- Amortiguar impactos (protección mecánica)
- Nutrir y oxigenar el sistema nervioso
- Eliminar residuos metabólicos
- Facilitar la transmisión del impulso craneosacro
En la terapia craneosacral, se considera que el LCR es el vehículo del “aliento de vida”, y que su circulación refleja el estado funcional y energético del organismo.
4. Relevancia terapéutica
Durante una sesión de terapia craneosacral, el terapeuta:
- Percibe la calidad de la circulación del LCR
- Detecta restricciones en su flujo o drenaje
- Facilita su libre movimiento liberando membranas, suturas y tensiones fasciales
- Observa cómo la reactivación del flujo trae claridad mental, descanso profundo, reorganización postural y descarga emocional
En muchas ocasiones, la sola restauración del flujo del LCR y del drenaje venoso provoca una transformación sistémica.
“Cuando el líquido vuelve a fluir, la vida encuentra su cauce. Y el alma, su espacio para respirar.”
— Inspirado en la osteopatía craneosacral