Meditación. Sanar el origen de una contractura
Bienvenido, bienvenida.
Hoy vas a regalarte un momento de profunda conexión contigo, con tu cuerpo y con la memoria de tu alma.
Vas a permitirte entrar en un estado de relajación tan profundo, que el tiempo y el espacio se van a abrir para mostrarte el origen de una tensión, una contractura, una debilidad que tu cuerpo aún sostiene.
Y desde ahí, desde ese instante remoto, vas a enviarle una energía nueva, sanadora, que restablezca el equilibrio perdido.
Comenzamos.
Busca una postura cómoda, tumbado o sentado, que te permita soltar todo el cuerpo.
Cierra suavemente los ojos… sin forzar.
Y comienza a respirar profundamente.
Inhala por la nariz…
Siente cómo el aire baja hasta tu abdomen.
Exhala por la boca… muy despacio.
Una vez más…
Inhala profundamente…
Exhala lentamente…
Una vez más…
Ahora vas a respirar solo por la nariz.
Con cada inhalación, vas a traer serenidad, confianza, bienestar.
Con cada exhalación, vas a dejar ir tensiones, preocupaciones, pensamientos.
Permítete estar aquí, ahora.
Todo está bien.
Nada te apura.
Solo existe este momento.
Y ahora, suavemente, vamos a hacer un recorrido por tu cuerpo.
A medida que nombro cada parte, simplemente siente cómo se relaja.
Cómo se ablanda, cómo se suelta.
Relaja la frente…
Relaja los ojos… los párpados…
Las mejillas… la mandíbula…
El cuello… los hombros…
Siente cómo el peso de los brazos cae…
Relaja los codos… las muñecas… las manos… los dedos…
El pecho… el abdomen…
Relaja la espalda…
Siente cómo tu columna se suelta…
Relaja la pelvis… las caderas…
Los muslos… las rodillas… las pantorrillas…
Los tobillos… los pies… los dedos de los pies…
Ahora todo tu cuerpo está en reposo.
Y en este estado de quietud, quiero que visualices una luz blanca, brillante, apareciendo suavemente por encima de tu cabeza.
Esa luz es conciencia pura. Es amor, es seguridad.
Esa luz sabe lo que necesitas. Te cuida. Te guía.
Permite que esa luz entre por tu coronilla…
Y empiece a recorrer tu cuerpo lentamente, desde la cabeza hasta los pies…
Iluminando… limpiando… protegiendo cada parte…
Ahora siente cómo esa luz blanca te rodea completamente, como un manto suave.
Nada puede dañarte. Estás completamente protegido, completamente a salvo.
Desde esta luz, ahora vas a enfocar tu atención en una zona de tu cuerpo donde sientas alguna tensión, una contractura, una molestia…
Permite que esa zona se muestre…
No la juzgues. Solo obsérvala. Respira hacia ella.
Sabe que allí, en ese nudo, hay una información congelada.
Una memoria suspendida en el tiempo.
Un eco que puede pertenecer a esta vida… o a otra…
Tu cuerpo ha guardado este mensaje. Y ahora estás listo para escucharlo.
Permanece con tu atención allí.
Y desde la luz blanca que te rodea, vas a comenzar a ver cómo se abre un paisaje simbólico…
Aparece un bosque…
Un bosque amplio, verde, lleno de árboles altos que te brindan sombra y seguridad.
Escucha el murmullo de un río cercano…
Siente el aroma de la tierra húmeda…
Todo es vida… todo es acogida…
Y en medio de ese bosque… hay un árbol que te llama.
Un árbol que te resulta familiar, antiguo, sabio.
Acércate a él…
Tócalo.
Apóyate.
Siéntate bajo su sombra.
Y ahora, cierra los ojos también allí…
Y deja que desde esa contractura comience a emerger una imagen.
Una escena…
Una emoción…
Un recuerdo…
No lo forces. Solo déjalo llegar.
Estás entrando a través de ese punto del cuerpo a otro tiempo y otro espacio…
Observa lo que aparece…
Permítete reconocer el momento en que esa tensión se originó…
Quizá en esta vida… quizá en otra encarnación…
Ahora, suavemente, vamos a hacer un punto de quietud.
Todo se detiene.
El cuerpo… la emoción… el pensamiento…
Solo hay silencio…
Y desde ese silencio, desde esa paz, vas a enviar energía a ese instante.
Desde tu conciencia actual, desde la luz que eres ahora, vas a enviar compasión, comprensión, libertad.
Envía luz a ese momento.
A esa persona que fuiste.
A esa escena que ocurrió.
Y en ese silencio… en ese instante suspendido… se activa un movimiento.
Es el CV4.
Una ola lenta, profunda… que parte desde la base del cráneo…
Y se extiende por todo el sistema…
Ordenando… liberando… restaurando…
Siente cómo esa ola de quietud y energía llega hasta tu cuerpo actual…
Y la contractura comienza a ceder…
La información se libera…
Tu cuerpo se reorganiza…
Tu alma lo agradece.
Permanece ahí unos instantes…
Respira…
Agradece…
Y cuando estés listo para regresar, vuelve suavemente a tu respiración…
Siente el cuerpo…
Mueve los dedos…
Los pies… el cuello…
Trae contigo la memoria nueva.
La libertad reencontrada.
La ligereza en tu cuerpo y en tu alma.
Y cuando lo desees… puedes abrir los ojos.
